Polos opuestos

Volviendo la mirada al pasado, el ser humano como especie siempre ha estado en constante diatriba, no solo a nivel político sino en lo personal, o sea en lo interior.

Vale acotar que desde Platón hasta Aristóteles remontaban sus ideales y manuscritos al porqué de la gran confusión, causante del declive intermedio de nuestra especie; esta sin llevarnos aún a la autodestrucción final.

Si bien es cierto, por instinto animal – racional, hemos actuado de diverso matiz, ya sea bien o mal, positiva o negativa y/o de izquierda o derecha, y he aquí en el tomar decisiones constantes, que surge el manejo estratégico de la persuasión y por ende manipulación como táctica y logro de intereses; relativamente en pro de dogmas e ideologías no siempre conexas a nuestro pensamiento sino autoimpuestas por el simple hecho de resultados efímeros.

Asimismo, cabría preguntarse al respecto, si la confianza juega un papel importante en la dirigencia de un Estado, como el “porqué” de los partidos políticos y sus dirigentes en nuestra historia; refiere Montesquieu que “una cosa no es justa por el hecho de ser ley, debe ser ley porque es justa”, al hacer referencia a la separación de poderes, respuesta del buen camino del gobierno de una nación.

Sin duda alguna, la superación individual unida a la toma de decisiones políticas que dirigen los asuntos del país siempre está enmarcada por encima del colectivo, fomentada por la razón, el apetito y el ánimo, pilares cardinales del Estado, ideal a menudo coligado a un pequeño sector, cuya meta es el poder por el poder a través de la mezquindad, cuyo conjunto en su mayoría designados “custodios” del orden o responsables de constituir el bien social, del cual difiero rotundamente; por el simple hecho de creerse “mesías” de un cambio futuro, a costa de ser electos por el pueblo y a su vez tratarlos como tal y no como sociedad.

Así pues, como Platón que confiaba en un selecto grupo denominado guardianes de una polis, en la actualidad estos pseudo-políticos, tanto de izquierda o derecha a los autodenominados “sangre nueva” solo les interesa mantener el populismo de manera directa o indirecta, por el simple hecho de promesas no concretas del presente, razón por la cual la utopía del futuro nuevo nunca es llevada a cabo por ser fichas moldeables de este anticuado y notable conjunto, cuyo paradigma pasa a ser abstracto en nuestra era.

A este elemento es fundamental valorar el alma, cuyo principio organizativo, sensitivo e intelectual da principio y forma a nuestra vida de acuerdo a cualquier acción en nuestro entorno, es por eso que el ideal de república en la antigua Grecia, diferenciaba por grupo al hombre, identificando su apetito como clase comercial, que actúa de manera equivalente a la razón, siendo está la clase ejecutiva y a su vez integrada por el ánimo, compuesta y pensada de leyes a través de administradores y séquitos encargados de su cumplimiento.

Cabe destacar que Estado y gobierno no es lo mismo, como político y dirigente, aun siendo estas hordas de mayoría símil, en su defecto los derechos de la supuesta “minoría” es lo que prevalece, a causa de la separación de poderes. No obstante James Madison, el denominado “padre de la Constitución estadounidense”, refería a la república como el sistema de control directo e indirecto del pueblo sobre sus gobernantes, sustentando a Aristóteles con cambios severos sobre un control total; cual aludía a quien dirigía al gobierno como uno, pocos o muchos.

Entre formas buenas y malas del mismo, cabe destacar la monarquía y aristocracia de buenas, a pesar de la tiranía frente a la oligarquía, cuyo contraste está en pro del bien común y de los dirigentes. En consecuencia la distinción de democracia, aspecto pertinente en el mundo occidental; ostenta muchas aristas al ser denominada a modo infame el gobierno de los muchos o la creencia de inestabilidad en manos de los “sencillos”, al intentar una igualdad general cuyo fin no es individual.

En efecto, hoy este pensamiento prevaleciente es paradójico al sistema impuesto en nuestra región y algunas partes del mundo, donde la clase media considerada en muchos casos de poder económico, se le atribuye capacidad de resolver sin inconveniente y “justicia” el caos ligado a los regímenes establecidos de nuestra elección; causa del karma colectivo.

Es de considerar la partidocracia ante el interés universal, siempre presente y camuflado a través de la política del miedo, este como capital hábil y fecundo del charlatán que se nutre de la ignorancia y viceversa. En todo caso, la mayoría de las urbes según su estatus no han dejado de ser monarquías sino que se han reforzado en crear vías aparentemente nobles, que al fin y al cabo son círculos comerciales, con nombres legales, llamados en el léxico teórico plutocracias.

En virtud, el populismo será latente y reforzado en medida del facilismo y la flojera de dar por el recibir, sin exigir. Es bien recordar que el apoyo de la clase media predominante era la solución de Aristóteles a contraposición de Madison, cuya elección de representantes que defendieran la república y la supervisión de sus distintos intereses entre sí, estos electos por el pueblo, porque sin ningún riesgo apostarían por el bien público. Según escribió el insigne Madison, sobre las democracias puras donde el pueblo de forma directa gobernaba, establecía que “siempre han sido espectáculos de turbulencia y de enfrentamiento”.

En distinción, a manera general, la escogencia de un polo u otro no es de vital importancia en el mundo globalizado, ya que nos lleva a donde no queremos ir; y esta diferenciación no sirve para describir la realidad de las clases sociales. Si bien es cierto, la derecha ya no defiende a los ricos para resguardarse y conservar poder y posición, ni la izquierda para cambiar la situación mediante reformas o revolución, porque la unión diferencial de estos dos, es la solución y por tanto se modifica su definición.

PD: “nunca calles tu ideal por una etiqueta, porque tu testimonio es verdadero en contraste a la verdad.”

Gustavo Villegas

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